Sé como la Luna: “Brilla en la oscuridad, pero sométete a la Luz Mayor”

Debemos entender que brillar en la oscuridad es hacer la diferencia. Ser luz para nuestros amigos, para nuestros familiares, aún para los desconocidos que se atraviesan en nuestras vidas para que le demos aliento y esperanza; es marcar la diferencia.

Hoy en día,  hay tantas tragedias, desconsuelos, desamores, desesperanzas, traiciones y aún hay más; todas las clases de hambres deambulando en los caminos de los seres humanos carcomiendo las almas y dejando sin fuerzas a los hombres.

Hay hambre de amor, de paz, de consuelo, de salud, de concordia, de armonía, de solidaridad, de desprendimiento, de buenos sentimientos. Sin embargo, para saciar esa hambre que hay, tenemos que ser estrellas brillantes en las vidas de nuestros semejantes, debemos dar sonrisas, abrazos fraternos, desprendimiento, solidaridad, consuelo, consejo en momentos de angustia y tribulación.

Sé buen amigo, buen vecino, buen prójimo con todo aquel que tienes cerca, no con aquellos a los cuales cuando le haces un bien te habrán a dar una recompensa, sino con cualquiera que Dios ponga en tu camino.

Comencemos con aquel que todos los días cuida de tu edificio, te sube la compra del supermercado y muy solícito te ayuda en todo lo que le pides sin pedir nada a cambio. O con aquel que te cuida el vehículo  cada vez que vas a tu oficina y que, sabrá Dios, ni siquiera sabes su nombre.

Sé partícipe con aquella que te guarda tu almuerzo con mucho amor tal como te gusta, y ni siquiera sabes cómo se encuentran sus hijos, y como está su mamá, quizás enferma en el campo necesitando una medicina y no ha podido pedírtela; sólo porque no le has dado la confianza para que te pida una ayuda que le permita saciar su hambre.

Atrévete a cambiar. A iluminar las almas de los que te rodean en la oscuridad. Si no lo sabías, sería muy bueno que lo sepas y si lo sabías recuerdas que, una luciérnaga no alumbra un estadio a oscuras, pero miles de luciérnagas alumbran no sólo un estadio, sino un país y hasta el mundo.

Vamos a someternos a la Luz Mayor. Vamos a iluminar las almas de los que nos rodean con lo que Dios nos ha iluminado a nosotros: Con amor. Debemos dar amor.

Ayudemos a nuestros semejantes con pequeñas cosas, con pequeños detalles. Es preciso entender que todo aquello que resulte ser poco para nosotros, viene a ser inmenso para otros.

Sé tú la diferencia. Brillemos en la oscuridad.

 

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