
Por: José Delance
Paterson, NJ: Como si se tratara de una nueva era en materia de política experimental, como se diría en los círculos donde se consolidan las estrategias aplicables a la política tradicional, nos encontramos con una fase que requiere de un análisis profundo hacia lo que hemos aprendido en el quehacer de la cotidianidad política en sentido general.
Nuestro exordio hace indicar que nos adentramos a un tiempo de complicada o difícil, si se quiere, de inusual o nunca vista, la forma en que hemos podido connotar la manera de actuar en la acción manifiesta del Presidente de la República Dominicana, Luis Abinader Corona, quien ha externado y actuado en diversas ocasiones sobre sus intensiones para no ser parte de la práctica tradicional en el ejercicio del poder.
Los que hemos estado imbuidos en los equipos estratégicos como asesores y/o consultores en los proyectos políticos de candidatos en diversas vertientes, ya sea como aspirantes a los escaños de iniciación política en la representación de espacios comunitarios hasta los niveles presidenciales; pasando por los demás puestos legislativos, tenemos el conocimiento de los procesos que deben seguirse en cada uno de estos casos.
El ámbito particular del actual Presidente Constitucional de la República Dominicana, al menos en lo que hemos podido notar en sus exteriorizaciones, no a groso modo en sus funcionarios, es reconocible el entender que su accionar, que se sustenta en su desempeño, en lo particular, ha sido un ente cuya capacidad es digna de ser destacada, elogiada y emulada, ya que el mandatario ha sabido anteponer los intereses del país por encima de cualquier apetencia o conveniencia que políticamente repercuta en lo personal.
Entiendo que, durante mi trayectoria a través de diversos países de América Latina; incluyendo a los Estados Unidos, la cual ronda los 40 años, he podido conocer el sentir y la visión que alberga a una amplia gama, para no decir a todo el conglomerado, de candidatos a los que hemos tenido la oportunidad de proveer nuestros servicios de consultoría política y puedo aseverar que nunca antes había podido apreciar la sensibilidad de un líder que políticamente haya tenido una actitud similar a la que he presenciado en el Presidente Abinader Corona.
Toda vez que observamos el comportamiento mostrado por el Presidente dominicano ante las situaciones que se les han presentado en multiplicidad de oportunidades, respaldado por sus decisiones, nos percatamos en que cuando el país se manifiesta en contra de alguna medida, que aún beneficiándole en términos políticos al mandatario, éste acciona buscándole la solución a dicha medida, sin cuestionamientos a que ¿Donde está el mal generado?.
No queremos hacer percibir que somos un defensor del actual mandatario por algún vínculo que nos pueda unir o que tenemos algo que nos lleve a tomar acciones en su beneficio por cualquier prebenda, lisonja o simplemente una canonjía que se circunscribe a cuentas que se encuentran en modo de caducidad y deben ser refrendadas con actos de esta naturaleza, falso hasta imaginarlo.
Lo que estamos es haciendo conciencia a modo de reflexión, sobre el comportamiento de un líder que ha mostrado un perfil coherente apegado a los valores y principios que son parte de un ser humano con verdadera vocación. Sólo para recordar, aquí debo mencionar al distintivo y buen amigo, al cual extraño, consagrado y docto político dominicano Fernándo Álvarez Bogaert, a quien esas condiciones les sobreabundan; puesto que no es común en el conglomerado político tradicional la toma de decisiones en favor de la colectividad sin que incluya la particularidad personalizada como feudo de sus actos.
Entendemos que como estratega en materia política, al referir una consulta sobre un tema, cual acontezca, acorde cualquier situación abordada y hacer las sugerencias pertinentes, si las recomendaciones que hacemos son de beneficio principalmente para quien incumbe, desde la óptica política; si el asesorado se decide categóricamente por no acatar lo sugerido, a sabiendas de estar consciente de ser a quien más le conviene, entonces estamos ante un fenómeno distintivo en particular, que resulta no ser un ente de la cotidianidad política en la que hemos vivido, salvo las raras excepciones en las que hemos estado involucrados estratégicamente hablando.
Es obvio que, la generalidad, no la totalidad, toma acciones sobre la base de las cosas que les conviene más a ellos particularmente, incluyendo beneficiar a los demás sólo en palabras. Es normal entrever que el conglomerado se olvida de que otros existen, en cuanto a beneficios se refiere, su decir es contundente y su accionar es negligente para estos propósitos.
Sin temor a equívocos, en el transcurrir de mi ejercicio como estratega político, en irrisorias ocasiones, sin ser extremado, había pasado por casos como los ejemplos mostrados en este desglose, porque hacer valer los niveles de capacidad que se tiene para escuchar, para entender y para analizar lo que realmente le conviene a la colectividad no resulta ser viable; ya que para lograrlo ha de concedérsele a alguien con una altura de excepcionalidad jamás inigualable, pero es conseguible.
Entiendo que mi afectuoso amigo Álvarez Bogaert, a quien sigo extrañando, el mandatario actual de la República Dominicana y algunas inauditas excepciones aunque de menor cuantía, son a los que he encontrado en el trayecto de mi accionar en las asesorías, consultorías y consecución de estrategias en el ámbito político, pero excepcionalmente en los últimos tiempos me ha impresionado el Presidente Abinader Corona, porque ha tenido garbo para actuar diferente a la costumbre de los últimos 40 años percibidos, lo cual me enorgullece y surte capacidad para aducir que no todo está perdido, que al menos podemos ver un foquito al final del túnel. En definitiva, la tradicionalidad de la política está cambiando.


