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La Política Tradicional y Los Partidos Políticos

Es entendible que la política y los partidos que conforman el sistema de una Nación tienen relaciones de proyección hacia diferentes puntos de vista, depende como los enfoquemos.

Por: José Delance

Paterson, NJ: El sabor de la cotidianidad y la existencia de las entidades que forman parte del devenir de los pueblos crean un ambiente que en sintonía con la política de las localidades se hacen entrever por los círculos determinantes de las acciones que se aplican a en el diario vivir de la tradicionalidad, políticamente hablando; desprendiéndose como tal, a la vista de todos los que tienen ojos para ver una realidad visible.

Tanto la política tradicional como los partidos que conforman el conglomerado del sistema de acción partidaria, se pueden configurar como el uno para el otro, se trata de que uno se corresponde con el accionar de la cotidianidad y el otro mezcla las determinaciones de un ente que persigue el ritmo de las prebendas y el populismo como parte de su particularidad.

Es entendible que, todos los partidos, los de ahora y los de siempre se mantienen moviéndole la maquinaria a sus seguidores en los territorios correspondientes, aunque bajo el mismo diseño de la tradicionalidad, salvo sus excepciones, que la existen; motivados a continuar con el idéntico esquema que les caracteriza.

Conociendo la excepcionalidad existente, podemos distinguir con amplitud que todos los que están presentes formando parte del sistema, son copartícipes de los mismos vicios de la política tradicional sin distintivo alguno, porque a sus miembros les hacen beneficiarios de las canonjías que se distribuyen en los períodos electorales.

No queremos aparentar ser extremistas, pero la realidad actual nos permite hacer valer con creces las humildes aseveraciones que hacemos sin que se nos incrimine de llegar a herrar en cada una de nuestras especificaciones, porque nos apegamos al diarismo accionario de los que integran el aglutinamiento del frecuentismo.

Es precisamente ahí donde está la cercanía del uno con el otro, pues con la forma de hacer las cosas y el modo de ejecutar acciones en los gobiernos de Latinoamérica, para tener algún punto de referencia donde se pueda establecer cierto vínculo en el modo y en la forma de las tomas de decisiones gubernamentales, hemos visto muchos de los mandatarios ejecutar acciones en las que se confabulan las beneficencias a familiares, amigos y relacionados de éstos.

Durante muchos años, varias décadas, desde la época comprendida entre el período pos Trujillo y lo que ha marcado la posterioridad hasta llegar a los momentos actuales, para  los dominicanos, adentrados en la plenitud de un consolidado Siglo XXI; hemos podido notar el crecimiento de todo lo que representa la transformación de la Nación, sin menoscabo de la existencia de un notorio desarrollo progresivo en todo el ámbito de la dominicanidad.

Al respecto, países como Colombia, el Perú y Guatemala, para mencionar algunos que pueden asemejarse a la República Dominicana, el latente y acentuado modus vivendi de la política en términos tradicionales y los partidos que sustenta las candidaturas en estas localidades, nos presentan un panorama cada vez con mayor similitud, lo cual nos hace aducir que es necesario un cambio de paradigma de la política en estos lugares.

Son evidentes las situaciones encontradas que enfrentan actualmente los partidos políticos, debido a que algunos dirigentes han entendido la política como una actividad destinada para la generación de beneficios personales y concentran todos sus esfuerzos en acumular poder y captar adeptos para fortalecer su influencia; olvidándose de propiciar soluciones que permitan dar respuestas a las reales necesidades del conglomerado al que deben focalizarse.

Crear reglamentación para el manejo y control de los partidos políticos en estas demarcaciones y hacer valer nuevas normas para el accionar de los mismos, nos hace vislumbrar una panorámica que podría estar circunscrita a esquemas de poca aceptación, pues la tradicionalidad se impone, quiérase o no, siendo optimista.

La aparición de nuevos ingredientes en el mundo de la política como el caso de los ‘outsiders’, nos presenta un aspecto distintivo que pudiera ser bueno, pero en muchos de los casos estos entes que encontramos en las corridas de las candidaturas relevantes resultan de una índole tan absurda cuando se pretenda venderlos como tal; porque, a ciencia cierta, esto no tiene una representación como algo nuevo a la hora de hacer un señalamiento objetivo en lo particular, debido a que están mezclados con los mismos representantes que conforman la tradicionalidad.

Estos nuevos componentes, entiéndase los nuevos rostros, los forasteros y la aparición de nuevas fuerzas, ofrecen a la población mayores opciones, pero son parte integral de la política de siempre, son compromisarios de coaliciones con los mismos aliados que inducen a lo tradicional, se muestran confabulados con los mismos privilegios; sus acciones se entrelazan a componendas de las mismas tramas, las mismas costumbres y las mañas de siempre; son más de lo mismo.

Es entendible que, la responsabilidad de informarse y educarse de una manera crítica, clara y objetiva sobre los asuntos públicos, resulta de gran importancia para evitar que la población base su decisión únicamente en promesas carentes de fundamentos.

Sabemos que, las últimas contiendas electorales han revelado la existencia de fragmentaciones con relación a los electores y los partidos tradicionales, por lo que el escenario político de cara a las elecciones venideras; su impacto dependerá de la trascendencia de las propuestas, pues para nadie es un secreto que la mayoría se apoya en discursos demagógicos; de aquí que, quienes presenten enfoques más claros y específicos marcarán la diferencia.

Para que la política tradicional y los partidos políticos tomen un giro inconmensurable, han de sustentarse en acciones incomparables, los partidos deben reducir su proliferación y abocarse a una consecución determinante del ámbito poblacional con un objetivo común, en propensión a la colectividad; creando las condiciones que permitan abolir la individualidad; haciendo todo lo posible para consolidar la credibilidad.

 

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